He visto un meme inspirado en el Saturno de Goya, en el que aquel no es un dios mitológico, sino un propietario. Lo más incómodo de la imagen es que este no tiene por qué ser un fondo de inversión ni un magnate inmobiliario. Puede ser una familia que se sienta a cenar y lamenta cómo está la vivienda en España, pero al día siguiente fija el precio de su piso y redacta las condiciones del contrato. No hay que demonizar a quien tiene una propiedad, pero tampoco fingir que las decisiones individuales desaparecen cuando se habla de un problema colectivo. Una cláusula abusiva no deja de serlo porque la haya redactado una persona corriente, y un alquiler imposible no pesa menos porque quien lo cobre no sea una gran empresa. Nos hemos acostumbrado a buscar al culpable siempre un poco más arriba. Si todos señalamos a Saturno, ¿quién admite que también puede llevar su rostro? Seguir leyendo