La rueda burocrática en la que entra un migrante que quiere pedir asilo en España no es ni rápida ni sencilla. Y si en esa rueda intentan subir 5.000 personas al mismo tiempo —la cifra aportada por el Gobierno central, y la más conservadora, de los emigrantes que se resisten a dejar Ceuta— hace falta una extraordinaria cadena de producción policial para ver algún resultado. Esa coyuntura persiste en la ciudad autónoma, donde a la llegada en tromba de miles de migrantes el pasado 30 y 31 de julio a las calles de la urbe ceutí y las promesas políticas de que “todos” serían devueltos, siguió la realidad de la aplicación de la ley de Extranjería española. Seguir leyendo