Que Donald Trump no es exactamente el árbitro de la elegancia se sabía antes de que transformara la Casa Blanca en un Versalles del Temu . Después de todo, éste es un hombre al que conocíamos por sus casinos de Atlantic City, con nombres como Taj Mahal, y su apartamento enteramente dorado de Manhattan. Pero durante esta legislatura, y especialmente estos últimos meses, el Presidente de los Estados Unidos de América está dando rienda suelta a sus delirios estéticos más totalitarios, jaleado por los miembros de su partido y por la base MAGA. Seguir leyendo