A Ana María Casanova (Buenos Aires, 80 años) le gustaba jugar a ser Jesucristo de pequeña. Sola en su habitación, en su casa del barrio porteño de Villa Devoto, fingía que moría y resucitaba. Lleva tanto tiempo fantaseando con la inmortalidad que, al final, la ha conseguido. Algún día, Ana María, la mujer de carne y hueso, morirá, pero Moria Casán , el icono, ya es un mito infinito. Seguir leyendo