Para entender el impacto de las elecciones brasileñas en la vida del planeta hay que comprender que Brasil es la periferia de la Amazonia. Que el 60% de la mayor selva tropical del planeta se encuentre en su territorio es lo que hoy confiere mayor relevancia al país más grande de Sudamérica. Es lo que hace que el avance de la extrema derecha en la primera vuelta del 4 de octubre sea una noticia que debería estar entre las principales preocupaciones de la población mundial. Si Flávio Bolsonaro vence a Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta, existe una gran probabilidad de que la selva deje de existir, lo que implica que dejará de actuar como reguladora del clima y sumidero de carbono. Habrá suelo desnudo, convertido en pastos para el ganado, monocultivos de soja, explotación minera y petrolera, pero no habrá selva. Habrá vegetación, pero ya no habrá selva. Este es el futuro próximo que se perfila. Y no parece que el mundo se haya dado cuenta con la necesaria claridad. Seguir leyendo