Isabella Bogaty, una estudiante puertorriqueña de 21 años, llegó a Madrid para cursar un año académico, pero no pudo acceder al Abono Joven de 10 euros porque no está empadronada. Si hubiera venido a vivir a la capital por estas mismas fechas el año pasado, sí habría podido solicitarlo. En los últimos 20 días de clase ha realizado 40 viajes, dos diarios, para desplazarse entre su piso y la universidad. Ha tenido que comprar cuatro bonos de diez viajes, a 7,30 euros cada uno, y ha gastado 29,20 euros: 19,20 euros más de lo que habría pagado con el Abono Joven, un aumento del 192%. La diferencia se debe a una modificación publicada por la Comunidad de Madrid el 12 de junio, que ha condicionado la expedición de la Tarjeta Transporte Público Personal al empadronamiento en la región. Seguir leyendo