Hay días en que las decisiones judiciales nos recuerdan algunos ejercicios de prestidigitación. Nada por aquí, nada por allá, pero resulta que había —o alguien ha creído ver— un elefante en la habitación. O al revés. Allá donde parecía existir una grave responsabilidad por inacción o falta de diligencia frente a una catástrofe natural, por ejemplo, solo hay el fondo vacío de una chistera. En algún momento se recuperarán la calma y los esquemas clásicos en la distribución del poder, también con respecto a las salas de justicia, pero por ahora es desde ellas desde donde emergen decisiones que marcan la vida política del país. A veces, para desconcierto y perplejidad general. El papel de los tribunales en el control de las decisiones del ejecutivo y el legislativo ha adquirido tanta relevancia que no faltará quien proponga que se deje de utilizar la expresión poder judicial para empezar a hablar de la justicia como “contrapoder de Estado”. Seguir leyendo