La leyenda cuenta que el reino encontró estabilidad cuando Arturo extrajo la espada de la piedra, revelando al legítimo líder. Hoy, la izquierda española se encuentra fragmentada en una amalgama de siglas y egos. En este siglo nos bastaría con someter a los aspirantes a pruebas de inteligencia política y estabilidad psicológica. Un filtro que determine quién posee la capacidad para gestionar un Estado, la madurez emocional para encajar críticas y la empatía necesaria para priorizar el bienestar colectivo por encima de los intereses del partido. El compromiso de los demás aspirantes debería ser apoyar al elegido. Ante la amenaza de un retroceso social, la izquierda no necesita más batallas de vanidades, sino pragmatismo y altura de miras. A falta de magia, ciencia y sentido común para encontrar a quien sepa liderar . Seguir leyendo