“Tenemos pan”. “Piscina abierta de 10 a 8″. “Interior climatizado”. “Torneo de pádel este sábado”. “Menú del día 20 euros”. “Día de quintos en Turruncún de la Vega”. “Hay trenza y milhojas”. “Nuevas clases de iniciación a la cerámica”. “Periquito perdido”. Mira que este verano de 2026 hemos visto cosas insólitas en las calles —un eclipse total, gente celebrando un Mundial, chavales farmeando aura—, pero la invasión de los carteles amateur hechos con inteligencia artificial ha sido especialmente intensa. A mí me pilló en un pueblo de la España interior, y allí no quedaba puerta de bar, marquesina o tablón de anuncios sin empapelar. Lo que escaseaban eran más bien bares, paradas de autobús o plazas donde colocarlos. No solo las zonas rurales se llenaron de slop analógico, que es como podríamos llamar al spam sintético que se ha escapado del ordenador para, cual agente de OpenAI a la fuga, colonizar el mundo real. Los barrios de las ciudades también están llenos de imaginería artificial hecha por aficionados promocionando eventos y negocios locales: farolas, paredes, cristaleras. Las almas sensibles los odian: “Yo, si veo un cartel hecho por IA, ni compro ni consumo el servicio de ese establecimiento”, dijo alguien en un mensaje de X que consiguió 5.000 corazones. Seguir leyendo
La invasión de los carteles hechos con inteligencia artificial
“Tenemos pan”. “Piscina abierta de 10 a 8″. “Interior climatizado”. “Torneo de pádel este sábado”. “Menú del día 20 euros”. “Día de quintos en Turruncún de la Vega”. “Hay trenza y milhojas”. “Nuevas clases de iniciación a la cerámica”. “Periquito perdido”. Mira que este verano de 2026 hemos visto cosas insólitas en las calles —un eclipse total, gente celebrando un Mundial, chavales farmeando aura—, pero la invasión de los carteles amateur hechos con inteligencia artificial ha sido especialmente intensa. A mí me pilló en un pueblo de la España interior, y allí no quedaba puerta de bar, marquesina o tablón de anuncios sin empapelar. Lo que escaseaban eran más bien bares, paradas de autobús o plazas donde colocarlos. No solo las zonas rurales se llenaron de slop analógico, que es como podríamos llamar al spam sintético que se ha escapado del ordenador para, cual agente de OpenAI a la fuga, colonizar el mundo real. Los barrios de las ciudades también están llenos de imaginería artificial hecha por aficionados promocionando eventos y negocios locales: farolas, paredes, cristaleras. Las almas sensibles los odian: “Yo, si veo un cartel hecho por IA, ni compro ni consumo el servicio de ese establecimiento”, dijo alguien en un mensaje de X que consiguió 5.000 corazones. Seguir leyendo

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