Cuando alguien me dice que ha decidido “quitarse” del vicio de la información como si fuera una droga pienso que esa persona que desea estar limpia, usando la expresión de algunos extoxicómanos, en el fondo sigue nutriéndose de sucedáneos que le ofrecen la realidad en titulares escritos por gente de su cuerda, sin el esfuerzo que supone leer lo que incomoda o lo que induce a cultivar una opinión propia. A esa voluntad de no saber, que escucho cada vez más a menudo, yo respondo que no puedo permitirme ese lujo, aunque en realidad miento: siempre preferiré abrir los ojos a cerrarlos. Me consuelo pensando que si hay algo rescatable de esta actualidad sin tregua es que no te da tiempo a aburrirte. Yo procuro salir de mi burbujita ideológica porque considero necesario saber de qué argumentos se nutren aquellos con lo que nada comparto. A veces, diré, encuentro reflexiones con cierto interés y en este afán de ser justiciera que me acompaña, me digo, mira este qué idioteces piensa, pero qué bien las expresa. A mí una persona educada, en estos tiempos de ordinariez, puede seducirme. Seguir leyendo
Isabel en terapia
Cuando alguien me dice que ha decidido “quitarse” del vicio de la información como si fuera una droga pienso que esa persona que desea estar limpia, usando la expresión de algunos extoxicómanos, en el fondo sigue nutriéndose de sucedáneos que le ofrecen la realidad en titulares escritos por gente de su cuerda, sin el esfuerzo que supone leer lo que incomoda o lo que induce a cultivar una opinión propia. A esa voluntad de no saber, que escucho cada vez más a menudo, yo respondo que no puedo permitirme ese lujo, aunque en realidad miento: siempre preferiré abrir los ojos a cerrarlos. Me consuelo pensando que si hay algo rescatable de esta actualidad sin tregua es que no te da tiempo a aburrirte. Yo procuro salir de mi burbujita ideológica porque considero necesario saber de qué argumentos se nutren aquellos con lo que nada comparto. A veces, diré, encuentro reflexiones con cierto interés y en este afán de ser justiciera que me acompaña, me digo, mira este qué idioteces piensa, pero qué bien las expresa. A mí una persona educada, en estos tiempos de ordinariez, puede seducirme. Seguir leyendo

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