En Buenos Aires hay una zona llamada el Abasto . Toma su nombre del mercado del Abasto, ahora convertido en mall , que funcionó allí durante décadas. A pesar de que el negocio inmobiliario predijo que la presencia del mall iba a transformarlo todo, la zona sigue siendo una versión siglo XXI del lugar que era, un poco sórdido, un poco marginal. A mí me gusta mucho. En la facultad, para la cátedra de Historia del Arte, hice un trabajo acerca de ese edificio que entonces, años noventa, estaba cerrado. Me asomaba a los portones, recorría el vecindario, entrevistaba a la gente. Hasta 2008 viví cerca, en el barrio de Almagro, y fui durante bastante tiempo a tomar clases de teatro en un centro cultural que funcionaba en una escuela pública cercana al mercado, que ya no era mercado y todavía no era mall . Iba y volvía caminando, incluso de noche. Me gustaban y me gustan las calles de adoquines, las veredas en las que hay extraños sauces (un árbol muy campestre, un intruso en la ciudad), el clima un poco provinciano que se vive en ciertos momentos del día. Durante muchos años, cuando regresaba desde el centro hasta mi casa, tomaba el colectivo 26 que pasaba por allí y veía un grafiti que decía: “Los chicos del Abasto no necesitan juguetes. Juegan con las ratas”. Según los datos oficiales conocidos en septiembre , el 44,5 % de los argentinos menores de 14 años se encuentra en situación de pobreza. Según informes recientes de Unicef Argentina, un millón cien mil se encuentra por debajo de la línea de indigencia. El gobierno de la ciudad implementó una campaña bajo el lema Ley y orden , con cartelería en la que se lee “La ciudad sin okupas ”, o “La ciudad sin manteros”, en referencia a los vendedores informales. El grafiti del Abasto desapareció. Supongo que las ratas también. Me pregunto dónde habrán ido los niños. Es posible que la dignidad de las ciudades se mida por la naturaleza de los fantasmas que intenta esconder.
Fantasmas
En Buenos Aires hay una zona llamada el Abasto . Toma su nombre del mercado del Abasto, ahora convertido en mall , que funcionó allí durante décadas. A pesar de que el negocio inmobiliario predijo que la presencia del mall iba a transformarlo todo, la zona sigue siendo una versión siglo XXI del lugar que era, un poco sórdido, un poco marginal. A mí me gusta mucho. En la facultad, para la cátedra de Historia del Arte, hice un trabajo acerca de ese edificio que entonces, años noventa, estaba cerrado. Me asomaba a los portones, recorría el vecindario, entrevistaba a la gente. Hasta 2008 viví cerca, en el barrio de Almagro, y fui durante bastante tiempo a tomar clases de teatro en un centro cultural que funcionaba en una escuela pública cercana al mercado, que ya no era mercado y todavía no era mall . Iba y volvía caminando, incluso de noche. Me gustaban y me gustan las calles de adoquines, las veredas en las que hay extraños sauces (un árbol muy campestre, un intruso en la ciudad), el clima un poco provinciano que se vive en ciertos momentos del día. Durante muchos años, cuando regresaba desde el centro hasta mi casa, tomaba el colectivo 26 que pasaba por allí y veía un grafiti que decía: “Los chicos del Abasto no necesitan juguetes. Juegan con las ratas”. Según los datos oficiales conocidos en septiembre , el 44,5 % de los argentinos menores de 14 años se encuentra en situación de pobreza. Según informes recientes de Unicef Argentina, un millón cien mil se encuentra por debajo de la línea de indigencia. El gobierno de la ciudad implementó una campaña bajo el lema Ley y orden , con cartelería en la que se lee “La ciudad sin okupas ”, o “La ciudad sin manteros”, en referencia a los vendedores informales. El grafiti del Abasto desapareció. Supongo que las ratas también. Me pregunto dónde habrán ido los niños. Es posible que la dignidad de las ciudades se mida por la naturaleza de los fantasmas que intenta esconder.

RELATED SIGNALS
Latest Trending News
SOURCE TRANSPARENCY