Desde 1901, la Academia Sueca entrega un premio literario como parte del legado de Alfred Nobel, el inventor de la dinamita. Por valor de más de un millón de euros, es uno de los galardones mejor dotados del mundo y, reconocidamente, el más prestigioso. ¿Pero realmente premia la buena literatura? ¿Es la decisión de la Academia Sueca una ventana a lo mejor que el mundo de las letras tiene que ofrecer o es un reflejo de las experiencias, memorias y presiones que han vivido los académicos en Estocolmo? Las periodistas de EL PAÍS Berna González Harbour y Andrea Aguilar opinan al respecto. Seguir leyendo