Desde hace unos meses, el Govern va dejando caer la idea de que es necesario reformar el sistema de escuela inclusiva , que propugna la escolarización de alumnos con trastornos y discapacidades en centros ordinarios y no de educación especial. Es un debate incómodo, pero se ve obligado a abrirlo ante los graves fallos del modelo: el número de alumnos con necesidades no para de crecer , pero los recursos no aumentan al mismo ritmo. La consecuencia es que,en muchos casos, esos alumnos no están bien atendidos y los maestros se sienten desbordados y exhaustos; la escuela inclusiva ha sido, de hecho, el principal detonante del conflicto educativo que arde con fuerza desde el curso pasado en Cataluña. Seguir leyendo