Se los ve a los dos cómodos, caminando solos por Central Park. Quizá son los dos líderes más importantes que le quedan a la socialdemocracia en el mundo. Ambos llevan traje azul y sin corbata, y están en Nueva York para intervenir en la asamblea general de las Naciones Unidas del pasado septiembre. Son Andy Burnham, primer ministro de Gran Bretaña y líder laborista, y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español y secretario general del PSOE. Este último todavía no sabe la que le va a caer con el desahucio de su vivienda de una ciudadana octogenaria. Burnham está preparando su intervención —bastante rupturista—, en el congreso anual del Partido Laborista en Liverpool, unos días más tarde. En él declarará : “Esta va a ser nuestra primera ruptura con el pensamiento erróneo de los últimos 40 años. Ya no vamos a contemplar el mercado de la vivienda como un juego de ganadores y perdedores, sino como el bien esencial que todo el mundo necesita para tener una buena vida [lo de “la buena vida, ¿les suena a Keynes?] (…) Con una buena casa todo es posible. Sin una, nada lo parece”. Seguir leyendo