La llamada “prescripción diferida” es un comodín avalado por la evidencia científica, pero muy poco utilizado en España frente al mal uso de los antibióticos y el desarrollo de las superbacterias, responsables de 1,2 millones de muertes al año en el mundo . Esta estrategia consiste en que el médico prescribe el tratamiento al paciente con una infección respiratoria, pero le pide que esté atento a su evolución y espere hasta 72 horas antes de ir a buscarlo a la farmacia y empezar a tomarlo. Si los síntomas remiten en este tiempo —como suele ocurrir con los procesos víricos detrás de la mayoría de las consultas—, se evita tomar un antibiótico innecesario . Si se mantienen o agravan, el paciente ya tiene la receta que necesita sin tener que volver a pedir cita. Seguir leyendo