La primera mañana de instituto hay una escena que se repite cada septiembre. Decenas de adolescentes cruzan la puerta con una mezcla de ilusión e incertidumbre difícil de disimular. Algunos buscan el aula donde empezarán el curso; otros recorren el patio intentando encontrar una cara conocida entre tantos desconocidos. Desde fuera parece un día más de vuelta al colegio. Para ellos, sin embargo, marca el comienzo de uno de los cambios más importantes de su desarrollo. Porque el primer día de la ESO no solo estrenan instituto, compañeros y profesores: empiezan una etapa en la que, casi de repente, todo parece cambiar al mismo tiempo. Seguir leyendo