En enero, el responsable del departamento de impuestos de China subió al escenario en una conferencia anual en Pekín junto a un grupo de funcionarios del Partido Comunista para exponer las prioridades del año. Hu Jinglin, con gafas finas y un corte de pelo militar, comenzó con los eslóganes habituales de la política de su país: el pensamiento de Xi Jinping; el socialismo con características chinas; el espíritu del XX Congreso Nacional. Pero este no fue un discurso típico. Hu prometió entonces una nueva era de impuestos para la economía nacional con un PIB anual cercano a los 21 billones de dólares . Hasta ahora, está demostrando ser un hombre de palabra. Seguir leyendo